Un poco de Historia

Leyenda: Los guanches y el suceso de «Tigaiga»

El historiador Antonio de Viana nació en la ciudad de  La Laguna (Tenerife) el 21 de Abril de 1578. Su padre fue oriundo de La Orotava y estuvo emparentado con  familias de Los Realejos.  Su obra esta escrita en verso a la manera del poema ‘La Araucana’ de Alonso de Ercilla. Consta de 16 cantos. Es un poema épico histórico que trata de todos los sucesos de la conquista de la isla llevada a cabo por el Adelantado Don Alonso Fernández de Lugo, español, al servicio de los Reyes Católicos. Este general sufrió varios reveses o derrotas a manos de los indígenas guanches que luchaban con armas primitivas.

Los guanches estaban agrupados en varios reinos; así el de ‘Taoro’ que comprendía las tierras del Valle de la Orotava y donde, según la leyenda de los antiguos, un dragón descomunal estaba siempre vigilante para que nadie se apoderara de las ‘manzanas de oro’ que había en el Valle. Los españoles conquistadores de la isla derrotaron por fin a los indígenas en diversos encuentros memorables. Entonces estos se replegaron, estableciéndose en la zona donde ahora se encuentra el pueblo del Realejo Bajo, principalmente en los lugares más escarpados del llamado monte de Tigaiga. Entonces situaronse las tropas españolas en Realejo Alto. Estos nombres de ambos pueblos obedecen a aquella posición definitiva de los ejércitos: Realejo Alto quiere decir real lugar de arriba y Realejo Bajo, real lugar de abajo.

El ejercito guanche estaba mandado en aquellos momentos, por los reyes Bencomo -el más importante-, Beneharo, Acaimo, Tegueste y Zebensui, llamado el Hidalgo Pobre porque su reino o lugar era el menos floreciente. El 25 de Julio de 1496 el Rey Bencomo comprendió que ya era inútil seguir luchando y decide rendirse con sus tropas, juntamente con los demás caudillos de su linaje. El poeta Antonio de Viana -a quien seguimos en esta sucinta narraciónrefiérese luego al júbilo que causó en el campamento español la rendición de los Reyes o ‘Menceyes’ guanches.

Llora Bencomo su vencimiento y exclama, según los versos de Viana: «Es tanto lo que un Rey amigo siente – que está siempre a mandar acostumbrado – ver en poder ajeno el reino y gente – y su mismo poder de otro mandado»

En el pacto de rendición el rey Bencomo pone como condición que se le autorice, por último, dictar sentencia contra dos personas de su raza que han cometido delito de alta traición y que él tiene en prisiones. Don Alonso Fernández de Lugo concédele tal prerrogativa y entonces dicta su veredicto diciendo: «¡Que los reos sean despeñados por los riscos de Tigaiga!»

Una hija de Bencomo, la bella princesa Dácil, intercede ante su padre, exclamando: «¡Tienes el corazón de piedra dura padre y señor! ¡Señor y padre amado! ¿Tanto en un pecho noble el rigor dura que el paternal amor no le ha mudado? mas ya que no te mueve mi amargura muévale tu nobleza, en ella advierte que no es venganza lícita la muerte.»
La princesa continúa con su doliente súplica y termina con estas palabras, que así mismo escribe Viana: «A Dios ama, y al prójimo perdona injurias te dará el cielo corona.»
Bencomo medita. Está conmovido. Al fin se inclina por el perdón generoso. Entonces surge entra la multitud de guanches y españoles y clamor de alegría y la alta cumbre del Tigaiga queda como símbolo de la nobleza de la raza guanche, como vínculo de hermandad entre guanches y españoles que se afianza aún más con el casamiento de  Dácil, princesa guanche, con Gonzalo del Castillo, capitán del ejercito español. No hay ya vencedores ni vencidos, sino dos razas que se unen a la sombra del gigantesco Teide, a quien canta un poeta diciéndole:
«Feliz Atlante nuboso,  Altivo canario Teide,  Pirámide de cristal»

Estos datos fueron seleccionados por el escritor Benjamín Alfonso Padrón para Don Enrique Talg. Navidades 1959

3 thoughts on “Leyenda: Los guanches y el suceso de «Tigaiga»”

  1. El texto es un poema épico canario del poeta Antonio de Viana (1578-1650).
    En el Tigaiga disfrutamos de las leyendas; esta es una empresa de ilusiones y cosas hermosas, la poesía es una de ellas. Rigor histórico seguro que lo hay y respetamos mucho, pero la narración, con una mayor o menor proporción de elementos imaginativos y cosas bellas de la vida también merecen nuestra atención.

  2. Sres. Jamás habia leido tantos desprositos en tan corto texto.La Historia de cualquier país es una cuestión muy seria y no debe ser tratada tan a la ligera y fribolamente como lo es en este artículo.Por fabor,investiguen con seriedad y honestid. El texto en su conjunto es un cúmulo de herrores, empezando por la muerte del gran Bencomo la cual se produjo en la batalla de La Laguna el 14 de noviembre de 1495, por tanto no pudo estar presente en pacto de Los Realejos.Como ustedes saben, la poesía en pocas ocasiones está acorde con la realidad.

    Un fraternal saludo.

  3. El nombre de Tigaiga, La Voz de Los Realejos, Julio 2009 por Alvaro Hernández Díaz

    Los documentos más antiguos que hacen referencia al núcleo poblacional de Tigaiga son las Datas que tratan de los primeros repartimientos de tierras y aguas tras la Conquista de Tenerife.

    El escribano público Juan Gutiérrez menciona en 1529 “unas tierras que tiene a renta Gonzalo Yanes en TIHAYGA”.

    En 1530, julio 23 se encabeza el extracto correspondiente con “HIGAYGA” término de El Realejo y se aporta que “Gonzalo Yanes de TIHAIGA ordena su testamento por estar enfermo. Confiesa tener, entre otros bienes “en una bodega de TIGAIGA, 26 cascos de bota”. (La bota castellana equivale a 516 litros).

    También de 1530 es la escritura que revela que “el vecino Pedro Yanes del Barranco tiene en TIHAYGA un pedazo de tierra para viña, y dos pares de casas de paja, que deja a cada uno de sus hijos. En 1536 aparece Juan Salvador “morador en TIGAYGA”.

    La ortografía varia hasta el actual TIGAIGA.

    Y conocemos que el poeta Antonio de Viana (1578), utiliza este nombre para referirse a un valeroso capitá aborigen, aunque también para denominar el alto risco. Estos riscos fueron morada y refugio estratégico del mencey Taoro y de sus fieles aliados.

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